SE NOS FUE JOSÉ, EL «ZURDO» QUE PARECÍA DERECHO

(Por Alberto Bonvín). No es, para mí, algo grato escribir sobre seres queridos que nos han dejado pero, el cariño que tenemos con mi familia para los Velázquez, me «empujó» a esta nota.

Por eso de los hipocorísticos (acortamiento cariñoso de nombres propios), así el sobrenombre del «Zurdo del Puerto Viejo» pasó a ser simplemente «el Zurdo» con el que todos lo conocieron, muchos sin saber ni siquiera su nombre.
A José lo vi jugar por primera vez en la ex cancha de la Liga; venía de jugar en las inferiores de Racing de Avellaneda y sumado a una constelación de enormes jugadores era una invitación para ir a verlo. Cancha sin tribuna, sin alambrados divisorios, era cuestión de ir al arco donde atacaba el Decano para disfrutar lo mejor del espectáculo.
Tiempo en los que Atlético Uruguay goleaba al que se le cruzara; muchas veces con cifras de doble dígito y era todo un placer verlos jugar.


De ese partido me quedó grabado, como todo lo asombroso que ocurre cuando uno es chico, un tiro libre a favor del Decano, especial «para un derecho» como dicen ahora. Con la cara pegada al alambre vi como el «Zurdo» se paraba como derecho y metió un remate que parecía que se iba muy afuera. Pero la comba (igual al remate de Roberto Carlos) la hizo meterse en el ángulo de un arquero, que como nosotros y lo que tuvimos el placer de verlo, no entendíamos lo que había pasado. No solíamos ver algo así.
Semejante presentación no hizo más que cada vez que jugaba el Decano tratase de ir para ver esa joya de un equipo donde lo que sobraban era joyas; jugador exquisito, de muy buena lectura del juego y que jamás lo vimos «arrugar» ni en aquellos sangrientos clásicos de selecciones, principalmente, ante el Concordia que encabezaba Germán Díaz Ramos. Jugaba con la pelota y sabía defenderse con los brazos como para que los rivales lejos estuviesen de pegarle y encargado de hacerse cargo de un rival que un compañero le marcó el número. Su final futbolístico no fue el que merecía y tener para colmo tener que escuchar al «Gordo» Muñoz decir «qué hace ese gordito en la cancha» cuando entró a jugar ante River. Olvidándose del esfuerzo que se hacía en los equipos del interior para jugar esos torneos, pero la soberbia de los porteños ya no nos asombraba. Al «Zurdo» le tocó tarde estos partidos, ya casi retirado, estuvo dispuesto a darle una mano a su equipo.

Mario Wurts, José, Carlos Horacio Velázquez y Rubén Escobar, cuatro de las joyas de Atlético de esa época.

José, trabajó como ordenanza en el rectorado de la UNER, el Colegio Nacional y en el Juzgado Provincial y además, junto a Norma, crearon una familia que fue fiel a los principios que le llegaban desde arriba. María José, Lucas, Maxi, Pichu y que también siguen sus nietos; todos ligados al fútbol y todos tan buena persona como lo fue el «Zurdo» y lo sigue siendo Norma. Siempre fue muy atento conmigo y cada vez que nos veíamos me decía «gracias, sos el único que se acuerda de Maxi» en aquellos momentos en que el lateral estaba surgiendo en el fútbol nacional y desde La Calle seguíamos su carrera.

Una noche de trabajo de redacción en «La Calle» nos visitó el «Zurdo» con dos de sus hijos (Maxi y Pichu) para conseguir algunas fotos de su época como futbolista porque «estos no creen que yo haya sido jugador de fútbol».

No me pidan estadísticas, goles y todo eso porque no los tengo pero guardo en mi recuerdo las maravillas que hacía con la pelota y lo muy buena persona que era fuera de la cancha. El «Zurdo» que parecía derecho se nos fue a los 73 años dejando detrás una muy buena familia que sigue fiel a sus principio.