LO QUE IMPORTA ES COMPARTIR UN FIN DE SEMANA CON AMIGOS

Días pasados el balneario Rocha fue una muestra más de lo que representa el running para nuestra ciudad; el balneario de Villa Elisa reunió a más de 50 uruguayenses compitiendo. Qué empuja a estos atletas a estar presente en cada competencia, sin importar demasiado los kilómetros que haya que recorrer.

El running y las carreras de aventura ya no son solo un pasatiempo en nuestra ciudad; se han transformado en un fenómeno social que moviliza multitudes. La semana pasada más de 50 atletas recorrieron los 70 kilómetros que separan a «La Histórica» de «La Porfiada» para un desafío de aventura. Pero el mapa no se termina ahí: los fines de semana, decenas de uruguayenses arman las valijas para desafiar las sierras de Córdoba, Mendoza o cruzar los senderos del Sur argentino o correr en los principales ultra trail del país. Se gasta mucho más de lo que se gana; viaje, inscripciones, zapatillas arruinadas por el agua o el barro contrasta con una copa en el mejor de los casos, una medalla finisher y una remera. No importa demasiado, lo que interesa es compartir un fin de semana con amigos y corriendo.

¿Qué los empuja?

La hermandad del asfalto y el barro, lejos del mito del corredor solitario, las carreras de calle o aventura se viven en comunidad. El verdadero motor de estos viajes masivos es el sentido de pertenencia. Los entrenamientos en la Isla del Puerto, la Defensa Sur, el velódromo o los caminos rurales se transforman en «grupos de pertenencia» o running teams. Viajar en grupo, compartir los gastos de nafta, el alojamiento y la cena de carbohidratos previa a la carrera genera un folclore único. No se viaja solo para competir; se viaja para vivir la experiencia en equipo.

La búsqueda de nuevos límites

El paisaje entrerriano ofrece una belleza inigualable, pero el atleta de aventura busca el factor sorpresa. Villa Elisa atrae por su arroyo, sus montes y su terreno cambiante. Para los que van más allá, Córdoba o la Patagonia representan el bautismo de fuego: el desnivel, la montaña, el clima extremo y la autosuficiencia. Hay una profunda necesidad de superación personal; ganarle al terreno es ganarle a los propios miedos.
La pasión uruguayense también se nutre de historias de vida. En cada delegación conviven atletas de varios años con personas que hace un par de años «no corrían una cuadra». Encontraron en el running una vía de escape al estrés, una mejor salud o un renacer tras momentos difíciles. Ver que un compañero de running logra cruzar la meta inspira al resto a subirse al próximo colectivo o auto compartido. Pero también están los que llevan sus límites al máximo, 50k, 60k, 100k, 100 millas o lo que sea.

El «Efecto Contagio»

Cuando un corredor sube una foto con su medalla y los pies llenos de barro, enciende la chispa en los demás. Nuestra ciudad respira deporte y el running ha sabido capitalizar ese orgullo local. Representar a la ciudad, llevar la camiseta de su escuela y copar los podios de la región es un combustible que no se agota fácil. Ya sea por la salud, por los paisajes, por el cronómetro o simplemente por el abrazo final con los amigos al cruzar la meta, los atletas uruguayenses demostraron que para la pasión, los kilómetros son lo de menos.

Fotos de Dana Lesa y su magia para captar, con una imágen, lo que es el running. La principal la llegada de Emilia Flores y Bernardita Coffy.