SÓLO PIERDEN LOS que se arriesgan

Sólo los que arriesgan pueden perder; Facundo Gago lo hizo y quedó como el que marró las dos últimas posibilidades del Rojo. Sin embargo había sido quien lo puso en partido.

A Facundo Gago le tocó ser, en la noche de la eliminación del Rojo de la presente Liga Argentina, protagonista de las dos últimas jugadas a favor del Rojo. Cualquiera que no analice demasiado el juego podrá decir que fue el culpable de la derrota sin tener en cuenta que, tan sólo momentos antes, había metido dos «triplazos» y una bandeja espectacular con punto bonus por el foul que recibió para poner a Rocamora con posibilidades de ganar el partido dentro de un trámite muy favorable a la visita.
Después una de sus «mandadas» terminó con terrible tapa de Essengue y la restante no entró porque así pareció quererlo el destino.
Esto es como el tema de los penales en el fútbol; lo erran sólo aquellos que los patean. Y Facundo Gago, pese a su juventud, tuvo la valentía de ponerse al equipo al hombro en dos o tres minutos dramáticos de un partido pleno de tensión y, además, eliminatorio. Logró ponerlo cerca de la victoria pero no alcanzó para ganarlo y de ahí su desconsuelo.

Por eso estamos de acuerdo con Mauri Galarza, el prensa del Rojo, en sostener que si alguien no se merecía ese cierre era precisamente este promisorio base del básquetbol argentino.
Desde el primer día que lo vimos jugar sostuvimos que, en «tierra de bases», en un club donde brillara el Tucumano González, nada menos, estábamos ante un gran proyecto de jugador que a lo largo de esta temporada ha tenido altibajos pero que, resumiendo su labor, no defraudó nuestras expectativas en una posición donde se exige ser muy pensante y lo logró pese a sus escasos 23 años.
Pero así es el deporte y Facundo Gago terminó llorando primero consolado por los propios jugadores de Platense cuando aún había segundos por disputarse y luego por el capitán Exequiel Gaído con largo abrazo y diálogo de aliento.
Sólo pierden los que arriesgan y esta vez le tocó a Gago pero seguro que, por su jerarquía, serán muchas más las alegrías que las tristezas y, ojalá, sean vistiendo la casaca del Rojo.

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