SEBA, DAIANA Y UNA RICA HISTORIA UNIDA AL BÁSQUETBOL

Sebastián Bernasconi y Daiana Iselli forman una pareja con el básquetbol como un deporte muy importante en sus vidas. Nos cuentan su historia.

Que la madre lo haya hecho dejar los jueguitos a Seba para que vaya al Santa Rosa de Chajarí y que una amiga la haya invitado a Daiana a ir a entrenar a Parque Sur fue importante para que, los que ahora son parejas y tienen una bella hija que se llama Ari, inicien un rico camino en el básquetbol argentino; ambos jugando en varios equipos de Liga Nacional además de los locales.
Sebastián Bernasconi nació en Chajarí mientras que Daiana Belén Iselli lo hizo en Río Gallegos porque su padre era Gendarme y era uno de sus traslados aunque su residencia siempre fue nuestra ciudad.
Cerca de 3.000 kilómetros los separaban en su nacimiento y, aunque parezca mentira, no fue el básquetbol el que los unió y sí el baile y un grupo de amigos en común. El Riel Pub fue el escenario del primer encuentro y tras uno de los viajes de Seba para jugar en un equipo lejano, comenzaron su historia juntos.
El básquetbol no fue el comienzo de la historia pero es un deporte que los ayudó a consolidare como pareja y, como ambos se enamoraron de la ciudad, se quedaron a vivir en La Histórica aunque sabiendo que el básquetbol puede llevarlo a Seba a otra ciudad un poco más lejana que Gualeguaychú donde juega actualmente para Central Entrerriano.
El baile los hizo conocer y ahora Deporte Digital los unió para una nota donde nos cuentan sobre su trayectoria y lo que les espera en el futuro.
¿Cómo fue que comenzaron a jugar al básquetbol?
Seba: «en mi caso porque, con 12 años, vivía jugando a los jueguitos sentado en un sillón y mi mamá se cansó, me retó y me mandó al club Santa Rosa donde ya jugaba mi hermano y donde fue que comenzó mi historia en el básquetbol».
Daiana: «En mi caso tenía una amiga que jugaba en Parque Sur y la jodía a mi mamá para que me lleva. Pese a que sólo tenía 5 años me encantó desde el primer día».
Ambos tienen una larga trayectoria, ¿cuáles fueron sus clubes?
Seba: «sí jugué en varios lados. Después de Santa Rosa pasé por Boca Juniors, El Coatí de Misiones, Ezquel, Madryn, Alvear de Chaco, con el que logré el primer ascenso. Santa Fe, La Unión de Colón, Parque Sur donde logré el segundo ascenso, Regatas Uruguay y Central Entrerriano con el que logré el tercer ascenso y en el que juego habitualmente Liga Argentina. Jugué además en varios seleccionados entrerrianos y en la selección argentina de chico».
Daiana: «Mi camino tras arrancar en Parque Sur pasó por Zaninetti, San Justo (Liga Nacional), Echagüe de Paraná, Deportivo Madryn, Santa Silva y Española de Chaco, Tomás de Rocamora y Zaninetti. Además fui capitana de la selección de Chaco en el Argentino».

SEBA EN CENTRAL ENTRERRIANO
Sebastián nos cuenta del muy buen momento que pasaba en Central Entrerriano. «La cuarentena nos frenó en nuestro mejor momento; llegábamos de la mejor manera a los play off ilusionando a todos».
¿En qué se basa el éxito de Central?
«Si hablamos del ascenso y de esta temporada es que en el equipo del ascenso pasó lo que pasó en Parque Sur. Cada uno sabía lo que tenía que hacer y lo que el equipo necesitaba. Nadie se creía mejor que ninguno. Fuimos un gran grupo humano, eso fue lo más importante. Nos conectamos muy bien tanto adentro como afuera de la cancha. El club nos dejaba comer en familia, que es una de las cosas más importante, y nos trataron como familia a todos.
¿Cómo has pasado este tiempo?
«Pude disfrutar de la familia, de estar en casa, arreglar muchas cosas que no tenia nunca tiempo, pusimos un local de productos de limpieza con Dai y estamos metiéndole a eso» (El negocio se llama «El Brillante» y está en 3 de Febrero 629 para los que deseen acompañarlos en este emprendimiento).
¿Cómo pensás que puede ser la vuelta tras 100 días o más sin jugar?
«Muy cansadora y exigente».
Tras un partido, ¿hay análisis de Daiana sobre tu juego?
«No hace criticas para nada y si charlamos bastante; me da su opinión de lo bueno y lo malo del juego y me da otra mirada, eso esta bueno».

Daiana, ¿hay alguna posibilidad de que vuelvas a la competencia?
«Me encantaría pero si me pongo las pilas para entrenar, por ahora juego al fútbol»
¿Cómo surgió lo de jugar al fútbol?
No teníamos competencia y por mi enfermedad de tiroides se me complica si no hago deportes. Mi amiga Flor Mosca me invito a entrenar. Me encantó enseguida porque me encontré con un gran grupo humano. Otra cosa totalmente distinta al básquetbol desde el técnico que me aceptó hasta los dirigentes y mucho más mis compañeras. Tengo muchísimo que aprender pero de apoco voy»
¿Por donde pasan ahora tus prioridades?
Me recibí de Contadora y eso sumado al cuidado a Ari dado que Seba estaba jugando en Central me tienen bastante ocupada. Varios años ya disfruté del básquetbol pero las prioridades cambian».
¿Para los dos, porque se vinieron a vivir acá?
Nos cuenta Daiana que «Mis padre viven acá desde que yo era muy chica por lo que, cuando quedé embarazada de Ari vivía en Chaco y decidí venirme para que naciera acá porque Seba estaba jugando en Parque Sur. Así que el nacimiento de Ari, en 2014, trajo para Seba su segundo ascenso. Como no sabíamos si Seba podía estar para cuando nazca nos vinimos acá, nació Ari en diciembre y él pudo estar. Luego ya nos quedamos acá ya que nos encanta la ciudad».
¿Es una familia donde sólo se habla de básquetbol?
«No siempre, pero sí, es inevitable. Terminamos siempre hablando de basquetbol».

SE ENTERÓ POR TELÉFONO
Cómo se enteró Seba de que iba a ser padre fue un tanto entraña pero, con una pareja donde ambos juegan al básquetbol de alta competencia donde el destino los puede llevar a varios destinos, todo es posible. Nos cuenta Daiana que «vivíamos en Colón pero nos teníamos que separar por un tiempo porque yo me iba a jugar Liga Nacional a Charata, Chaco y Seba iba a jugar en un equipo de Río Negro. Me enteré en Chaco que estaba embarazada y se lo dije por teléfono, casi se muere jjajajajaja. Por eso luego decidí venirme para acá, me alquilé algo y lo esperé a que venga desde Río Negro. Gracias a Dios pudimos estar juntos cuando nació Ari».

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