ROXANA: A 15 AÑOS DE UNA PASIÓN QUE LE CAMBIÓ LA VIDA

Roxana Zuzunegui tiene una historia con el deporte que merece ser contada.

La idea cuando surgió la posibilidad de crear esta página fue darle lugar a todos aquellos aficionados al deporte uruguayense; cualquiera sea su nivel pero lo que queríamos era ver reflejada la pasión con la que hacen el deporte que eligieron.
Seguramente sobre Roxana Zuzunegui no podremos referirnos como una deportista de elite y menos aún que sea de selección pero sí podremos hablar de la pasión que tiene por el voleibol, un deporte que le cambió la vida y en la que hace poco más de 15 años llegó para aferrarse con todo más allá de los sinsabores por los que pasó en el principio.
Asmática con casi nada de deporte en su infancia, muy bajita de estatura, llegar al voleibol fue su tabla de salvación aunque debió penar 4 años «sin jugar un punto» como nos cuenta lo que, además, habla de una pasión y una historia que merece ser contada.
¿Cómo se compone tu familia?
Tengo, gracias a Dios, a mis padres, Pedro y Élida, los amo con el alma. Tengo dos hermanos, Silvina y Ricky. Soy divorciada y tengo dos hijos maravillosos, María Agustina y Antonio. Estoy de novio con Juanchi (Landi). Y, en mi casa, tenemos una mascota, un gatito, nuestro bello y dulce Romeo.
¿Cómo fue tu infancia en lo que hace al deporte?
Asmática. Muy Asmática. No me dejaban hacer nada. Sólo hacía natación en verano por indicación médica. Sabés cuánto me hubiese gustado haber podido aprender a jugar al voleibol de chica.
¿Cómo llegaste al voleibol?
Cuando me separé no tenía ni ropa deportiva; zapatillas menos ya que vivo de tacos (jajaja). Pero apareció Carolina Kammermann quien me llevó al club; bahh en realidad al principio las acompañaba, iba a mirar y empecé a entrenar un Jueves Santo con Mario Giménez en el club Lanús.
¿Fue amor a primera vista?
Totalmente, Desde ese día, nunca más dejé, nunca, nunca, ni aún lesionada ni con todo lo que viví en los primeros años aunque tuve amigas que me sostuvieron en los malos momentos.

Los malos momentos quedarán allá lejos; ahora disfruta cada momento que pueda estar dentro de una cancha.

¿Es cierto que en el principio nunca jugabas?
Siiiiiiii. Obvio que es cierto. Estuve 4 años en el banco. Persevera y triunfarás dicen (jjjaaj) pero en varios momentos estuve a punto de dejar. Muchas veces me dije, ‘esto no es para mi’. Mi amiga Rosita Bonvín fue quien me ayudó en ese momento. Sentadas en una plaza de Santiago del Estero donde por cinco años fuimos a jugar el Torneo Maxi Voley ‘Madre de Ciudades’
Volvimos… Lloré mucho. Me hacía mal. Ir, hacer tanto esfuerzo, entrenar y no jugar ni un punto. Pero, cabeza dura, seguí entrenando y apareció la oportunidad. La armadora titular se lesionó y el entrenador no tuvo otra que ponerme (jajajaja). Fuimos a Mar Del Plata donde salimos octavas en la Copa de Oro en un torneo de muchísimo nivel y muchos equipos. Volvió la titular y ya jugábamos un set cada una. Pero, cuando llegó Jorge Giménez a dirigir en el club, quedé de titular. Amo jugar al voleibol y amo ser armadora. No tengo condiciones para otra posición. Mido 1.48 (jajaja). Pero está claro que el voleibol cambió mi vida.

Con los diplomas de entrenadora junto a dos amigas de siempre, Mariana Marclay y Amalia Conde.

LA ENTRENADORA
Sin dudas que Roxana tiene condiciones para ser entrenadora; no sólo por el amor que siente por el deporte sino también porque sabe lo que es ser docente dado que es Profesora y traductora de Inglés trabajando en la Escuela Nº 92 ‘Tucumán’ y, además, «tengo mi taller de arte donde enseño bordado y tejido».
Tu amor por el voleibol te llevó ahora a ser entrenadora?
Siiiiii. Soy entrenadora provincial de Beach Voley y ahora estoy estudiando para ser entrenadora de indoor.
Qué preferis entrenar con chicos o ya con grandes?
No tengo preferencias, ambos me daría lo mismo.

Lanús el club que la albergó y del cual guarda los mejores recuerdos.

UN GRUPO MUY ESPECIAL
Roxana forma parte de un grupo muy especial con el que hace más de 15 años, con altas y bajas, vive cosas muy importantes; antes en Lanús y ahora en Gimnasia, la jugadora nos cuenta que significan para ella: «El grupo, mi grupo, tiene un gran significado en mi vida. Reinventarnos, empezar de cero en otro lugar (donde tuvimos que armar TODO a pulmón) ha sido y es maravillosamente mágico.

«Perdimos en el camino a nuestra flor más bella» nos cuenta Roxana en relación a quien la acompaña en la foto, Rosita Bonvin.

Mi grupo de voley existe en mi vida dentro y fuera de la cancha. Sabemos que nos queda menos que antes, perdimos en el camino a nuestra flor más bella, nos dejó un gran mensaje. No podemos ni queremos no tenerla presente.
Sabemos que el tiempo es hoy, ahora.
Queremos vivir juntas lo que nos quede.
No queremos dejar nada para después.
Queremos voley, amamos este deporte, lo vivimos con mucha pasión y alegría, sólo nos mueve el AMOR».
Pero Roxana tampoco se olvida, ahora en Gimnasia, todo lo vivido en Lanús: «Fue mi club. El lugar donde mi inicié, jugué y representé con mucho amor durante 15 años. Me dolió mucho tener que irme. Fue lo que más me costó.
Lanús era mi casa, mi lugar del voley, mi lugar de alegría de amistad. Era mi club en el que siempre sentí pertenencia. Era quien me ocupaba de informar sobre nuestros torneos, logros participaciones para dejarlo en lo más alto. Eso era Lanús para mi».

Gimnasia, el club que albergó a un grupo de amigas que comparten su amor por el voleibol.

Lo que quieras decir para el final…
Descubrí el placer de practicar un deporte de grande. Vivo cada día, cada oportunidad de jugar como la última, porque la vida es muy corta, no me importa la edad, estoy pisando el medio siglo y el voley me llena de vida, de alegría, de proyectos, de ilusión… Quiero voley en mi vida hasta que Dios diga…

Cualquiera sea la especialidad, indoor o beach, para Roxana todo es disfrute.