COMO EXPLICAR LO QUE NO TIENE EXPLICACIÓN

Lo que pasa cuando Pablo Tegli ingresa a una cancha de padel es increíble.

Como explicar que cerca de un millar de personas estén alentando, como si fuese una cancha de fútbol o un partido de Copa Davis con la mejor Argentina en el court, a un jugador de padel que es importante en el medio o la provincia si quieren, pero que está lejos de serlo en el nivel nacional.
Cómo explicar que una cancha donde el respeto es total hasta cuando juega el número uno del ranking nacional, se transforme en una caldera cuando ese flacucho entra a jugar para alentar durante más de dos horas a alguien que ha decidido que su vida de deportista no pase por el profesionalismo y si por disfrutar de cada juego aún a costa de no darle mayores aportes a su enorme talento natural.
Resulta difícil de explicar aunque no debemos hacerlo; los ídolos no se explican, simplemente se disfrutan; de su juego y de todo lo que pasa a su alrededor cuando entra a una cancha.
Ya no extraña que juegue donde juegue, «mi Paul» como lo llaman, tenga a su lado a un buen grupo de hinchas alentándolo incondicionalmente. Pablo Tegli jugó el AJPP de 500 puntos de Oeste Padel y su partido en el amanecer del sábado fue un terrible testimonio de incondicional apoyo. Más de dos horas gritando y saltando tratando de darle aliento a ese jugador que suele retribuirle con buen juego y mucho humildad. Y por ahí quizás pase la cosa. Porque mientras todo eso pasa a su alrededor, el tipo sólo atina a levantar la mano, saludar y tratar de concentrarse en pegarle a la pelotita para darle el mejor destino, quizás, sin darse cuenta de que está ante un hecho que seguro no pasa en ninguna cancha del mundo.
La idolatría no se compra; se tiene o no. Y Pablo Tegli la tiene y lo demuestra ese grupo de «locos» que incondicionalmente lo sigue donde juegue .

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